En Introducción al budismo, el venerable Gueshe Kelsang Gyatso dice:

«Por lo general, Buda significa ‘Ser Despierto’, el ser que ha despertado del sueño de la ignorancia y percibe las cosas tal y como son. Un Buda es una persona que se ha liberado de todas las faltas y obstrucciones mentales. Muchos seres se convirtieron en Budas en el pasado y muchos otros lo harán en el futuro.

»No hay nada que Buda no conozca. Debido a que despertó del sueño de la ignorancia y eliminó todas las obstrucciones de su mente, conoce todo lo que existe en el pasado, presente y futuro de manera directa y simultánea.

»Además, Buda posee una compasión imparcial que abarca a todos los seres sintientes. Los beneficia sin excepción, manifestando emanaciones por todo el universo y bendiciendo sus mentes. Gracias a sus bendiciones, todas las criaturas, hasta el más ignorante de los animales, pueden generar estados mentales apacibles y virtuosos en alguna ocasión.

»Tarde o temprano, todos los seres encontrarán una emanación de Buda bajo el aspecto de un Guía Espiritual y tendrán la oportunidad de entrar en los senderos que los conducirán hacia la liberación y la iluminación. Nagaryhuna, el gran erudito indio, afirmó que no existe ni un solo ser que no haya recibido ayuda de Buda.

»Es imposible describir las excelentes cualidades de un Buda. Su compasión, sabiduría y poder, están más allá de nuestra comprensión. Sin ninguna mancha que oscurezca su mente, percibe todos los fenómenos del universo con tanta claridad como vería una joya sobre la palma de su mano.

»Gracias al poder de su compasión, realiza de manera espontánea cualquier acción que vaya a beneficiar a los demás. No tiene que pensar en cuál es la mejor manera de ayudarlos porque actúa espontáneamente del modo más beneficioso. Al igual que el sol no tiene que esforzarse por irradiar luz y calor porque lo hace de forma natural, un Buda tampoco tiene que poner esfuerzo en beneficiar a los demás porque esa es su naturaleza.

»Del mismo modo que el reflejo de la luna aparece en cualquier superficie de agua en reposo, las emanaciones de los Budas surgen allí donde haya seres sintientes que puedan percibirlas. Los Budas pueden adquirir cualquier forma para ayudar a los seres sintientes.

»En unas ocasiones se manifiestan como practicantes budistas, y en otras, como no budistas. Se pueden manifestar como hombres o mujeres, monarcas o vagabundos, ciudadanos ejemplares o criminales e incluso pueden aparecer como animales, viento o lluvia, montañas e islas. Si no somos un Buda, no podemos saber quién lo es y quién no lo es, o qué objeto es o no una emanación.

»De todas las maneras en que un Buda puede ayudar a los seres sintientes, la suprema es manifestándose como un Guía Espiritual. Con sus enseñanzas y ejemplo inmaculado, un Guía Espiritual auténtico conduce a sus discípulos por los caminos de la liberación y la iluminación.

»Si encontramos a un Guía Espiritual mahayana cualificado y ponemos en práctica lo que nos enseña, sin lugar a dudas alcanzaremos la iluminación total y nos convertiremos en un Buda Victorioso. Entonces, podremos devolver la bondad de todos los seres sintientes liberándolos de los sufrimientos del samsara y conduciéndolos al gozo supremo de la Budeidad».

Para más información sobre la vida de Buda, véase Introducción al budismo.

El siguiente fragmento sobre la vida de Buda ha sido extraído del libro Introducción al budismo, del venerable Gueshe Kelsang Gyatso:

«El Buda que fundó la religión budista actual se llama Buda Shakyamuni. ‘Shakya’ es el nombre de la familia real en la que nació y ‘muni’ significa ‘Ser Apto’.

»Buda Shakyamuni nació en el año 624 a. de C. en Lumbini, lugar que en aquel tiempo pertenecía a la India y que hoy forma parte del Nepal. Su madre fue la reina Mayadevi, y su padre, el rey Shudhodana.

»Una noche, la reina Mayadevi soñó que un elefante blanco descendía del cielo y entraba en su seno, señal de que acababa de concebir a un ser muy especial. El hecho de que el elefante descendiera del cielo significaba que el niño provenía de Tushita, la tierra pura de Buda Maitreya.

»Meses más tarde, cuando la reina dio a luz, en lugar de sentir dolor, tuvo una maravillosa experiencia en la que se agarraba a la rama de un árbol con la mano derecha y los dioses Brahma e Indra recogían al niño, que nacía de su costado. Los dioses procedieron a venerar al infante y a ofrecerle abluciones.

»Cuando el rey vio al niño, se llenó de alegría y sintió como si todos sus deseos se hubieran cumplido. Le puso el nombre de Sidharta y pidió a un brahmín que predijera el futuro del príncipe. El adivino examinó al infante con sus poderes de clarividencia y dijo: “Este niño será un rey chakravatin (monarca que gobierna el mundo entero) o un ser iluminado, hay señales que así lo indican. Puesto que la era de los reyes chakravatines ha pasado, se convertirá en un Buda y su beneficiosa influencia, al igual que los rayos del sol, iluminará a mil millones de mundos”».

Para más información sobre la vida de Buda, véase Introducción al budismo.

El siguiente fragmento sobre la vida de Buda ha sido extraído del libro Introducción al budismo, del venerable Gueshe Kelsang Gyatso:

«De niño, el príncipe logró un gran dominio de las artes y ciencias tradicionales sin necesidad de recibir instrucciones. Conocía sesenta y cuatro lenguas distintas, con sus correspondientes alfabetos, y también era diestro en las matemáticas. En cierta ocasión, reveló a su padre que podía contar todos los átomos del mundo en lo que se tarda en dar un solo respiro.

»Aunque no necesitaba estudiar, lo hizo para complacer a su padre y beneficiar a los demás. Por ello, acudió a una escuela donde, además de estudiar las materias académicas, se adiestró en deportes como las artes marciales y el tiro al arco.

»El príncipe aprovechaba cualquier oportunidad para revelar el significado del Dharma y alentaba a sus compañeros a seguir el sendero espiritual. En cierta ocasión, mientras participaba en una competición de tiro al arco, dijo: “Con el arco de la concentración meditativa disparo la flecha de la sabiduría y elimino al tigre de la ignorancia de los seres sintientes”. Entonces, su flecha atravesó cinco tigres de hierro y siete árboles, y después se hundió en la tierra. Al presenciar semejantes demostraciones, miles de personas generaron una intensa fe en el príncipe.

»De vez en cuando, el príncipe Sidharta viajaba a la capital del reino para observar cómo vivían sus súbditos. Durante estas visitas vio ancianos, enfermos y, en cierta ocasión, un cadáver.

»Estos encuentros dejaron una profunda huella en su mente y le hicieron comprender que todos los seres sintientes, sin excepción, están sometidos a los sufrimientos del nacimiento, las enfermedades, la vejez y la muerte. Puesto que conocía las leyes de la reencarnación, sabía que no padecemos estos sufrimientos sólo una vez, sino incontables veces, vida tras vida, sin cesar.

»Al contemplar cómo todos los seres están atrapados en este círculo vicioso de sufrimiento, sintió una profunda compasión por ellos y generó un sincero deseo de liberarlos de su dolor. Puesto que sabía que sólo un Buda, un ser completamente iluminado, posee la sabiduría y el poder necesarios para ayudar a todos los seres, decidió retirarse a un bosque para practicar la meditación en soledad y alcanzar el estado de la Budeidad».

Para más información sobre la vida de Buda, véase Introducción al budismo.

El siguiente fragmento sobre la vida de Buda ha sido extraído del libro Introducción al budismo, del venerable Gueshe Kelsang Gyatso:

«Cuando los habitantes del reino de Shakya supieron que el príncipe quería abandonar el palacio, suplicaron al rey que acordara un matrimonio para su hijo con el fin de que olvidara sus planes.

»El rey aceptó y, en poco tiempo, encontró una joven doncella llamada Yasodhara, hija de una respetada familia Shakya. El príncipe Sidharta carecía de apego a los placeres mundanos porque sabía que los objetos de deseo son como flores venenosas: aunque son atractivas, pueden producir inmenso dolor.

»Su resolución de abandonar el palacio y alcanzar la iluminación seguía inalterable; sin embargo, para satisfacer los deseos de su padre y beneficiar a los Shakya durante cierto tiempo, aceptó contraer matrimonio con Yasodhara. Entonces, permaneció en el palacio, como corresponde a un príncipe, y dedicó todo su tiempo y energía a servir a su pueblo lo mejor que pudo.

»Al cumplir veintinueve años, el príncipe tuvo una visión en la que todos los Budas de las diez direcciones aparecieron ante él y le dijeron al unísono: “En el pasado te comprometiste a alcanzar el estado victorioso de un Buda para poder ayudar a todos los seres que se encuentran atrapados en el ciclo del sufrimiento. Ahora ha llegado el momento de que cumplas tu promesa”.

»El príncipe fue a hablar con sus padres de inmediato y les dijo: “Quiero retirarme a un lugar apacible en el bosque donde pueda dedicarme a la concentración meditativa y alcanzar con rapidez la iluminación total. Cuando lo consiga, podré beneficiar a todos los seres y devolverles su bondad, en especial, la que vosotros me habéis mostrado. Por lo tanto, os suplico que me concedáis permiso para dejar el palacio”.

»Al oír estas palabras, sus padres se sorprendieron, y el rey se negó a complacerlo. El príncipe Sidharta contestó al rey: “Padre, si puedes liberarme de manera permanente de los sufrimientos del nacimiento, las enfermedades, la vejez y la muerte, me quedaré a vivir en el palacio; en caso contrario, he de marcharme y dar sentido a mi vida”.

»El rey intentó por todos los medios convencer a su hijo de que no abandonara el palacio. Con la esperanza de que cambiara de opinión, le rodeó de un séquito de encantadoras doncellas, bailarinas, cantantes y músicos que lo entretenían día y noche. Además, para evitar que se escapase en secreto, rodeó el palacio de guardianes.

»A pesar de estas distracciones, Sidharta seguía decidido a marcharse para practicar la meditación. Una noche, con sus poderes sobrenaturales, sumergió en un profundo sueño a los guardianes y sirvientes, y se escapó con la ayuda de un fiel amigo.

»Después de recorrer unos diez kilómetros, el príncipe desmontó de su caballo y se despidió de su ayudante. Luego, se cortó el cabello y lo lanzó hacia el cielo, donde lo recogieron unos dioses de la Tierra de los Treinta y Tres Cielos. Uno de ellos le ofreció los hábitos azafranados de un mendicante religioso. El príncipe los aceptó y, a cambio, le entregó sus vestimentas reales. De este modo, él mismo se ordenó monje».

Para más información sobre la vida Buda, véase Introducción al budismo.

El siguiente fragmento sobre la vida de Buda ha sido extraído del libro Introducción al budismo, del venerable Gueshe Kelsang Gyatso:

«Sidharta continuó su viaje hasta llegar a un lugar cerca de Bodh Gaya, en la India, que encontró apropiado para el recogimiento. Se estableció allí y empezó a practicar la meditación llamada concentración, semejante al espacio, del Dharmakaya, con la cual se enfocó de manera convergente en la naturaleza última de todos los fenómenos.

»Después de adiestrarse en esta práctica durante seis años, comprendió que estaba a punto de alcanzar la iluminación. Entonces, caminó hasta Bodh Gaya, y allí, el día de luna llena del cuarto mes del calendario lunar, se sentó en la postura de meditación bajo el Árbol Bodhi e hizo la promesa de no abandonar su meditación hasta no alcanzar la iluminación perfecta. Con esta resolución, entró de nuevo en la concentración, semejante al espacio, del Dharmakaya.

»Al anochecer, el mara Devaputra, jefe de los maras o demonios de este mundo, intentó interrumpir su concentración con el conjuro de pavorosas apariciones. Manifestó huestes de terribles espíritus demoníacos: unos le disparaban lanzas y flechas, otros le arrojaban bolas de fuego, piedras, rocas y hasta montañas enteras.

»Sin embargo, Sidharta permaneció imperturbable. Gracias al poder de su concentración, los fuegos ardientes se transformaron en ofrendas de luces de arco iris, y las armas, rocas y montañas, en una refrescante lluvia de flores. Al comprobar que no podía distraer a Sidharta de su meditación, el mara Devaputra intentó hacerlo manifestando innumerables bellas doncellas, pero con ello sólo logró que entrara en un estado de concentración aún más profundo. De este modo, venció a los demonios de este mundo y, por ello, más tarde recibió el nombre de Buda Victorioso.

»Sidharta continuó meditando hasta el amanecer, cuando alcanzó la concentración semejante al vajra. Con esta concentración, que es la última mente de un ser con limitaciones, eliminó de su mente los velos más sutiles de la ignorancia y, al momento siguiente, se convirtió en un Buda, un ser totalmente iluminado o despierto».

Para más información sobre quién es Buda, véase Introducción al budismo.

En Introducción al budismo, el venerable Gueshe Kelsang Gyatso ofrece una breve descripción de las enseñanzas de Buda:

«Cuarenta y nueve días después de que Buda alcanzara la iluminación, recibió peticiones para que impartiera enseñanzas. Como respuesta a estas súplicas, Buda surgió de su meditación estabilizada y giró por primera vez la rueda del Dharma.

»Estas enseñanzas, que incluyen el Sutra de las cuatro nobles verdades y otros discursos, constituyen la fuente principal del budismo hinayana o vehículo menor. Más tarde, Buda giró por segunda y tercera vez la rueda del Dharma, y enseñó los Sutras de la perfección de la sabiduría y el Sutra que discierne la intención, respectivamente. Estas instrucciones son la fuente del budismo mahayana o gran vehículo.

»En las enseñanzas hinayanas, Buda nos muestra cómo lograr la liberación propia del sufrimiento, y en las mahayanas, cómo alcanzar la iluminación total o Budeidad por el beneficio de todos los seres. Ambas tradiciones florecieron en Asia, al principio en la India y más tarde en otros países, incluyendo el Tíbet. Hoy día, empiezan a florecer en Occidente.

»Dharma significa ‘protección’. Con la práctica de las enseñanzas de Buda nos protegemos del sufrimiento. Todos nuestros problemas diarios se originan en la ignorancia, pero esta se elimina con la práctica de Dharma.

»El adiestramiento en el Dharma es el método supremo para mejorar nuestra calidad de vida. Esta no sólo depende del progreso material, sino también de que cultivemos paz y felicidad en nuestro interior. Por ejemplo, en el pasado numerosos budistas vivían en países pobres y, a pesar de ello, disfrutaban de felicidad pura y duradera porque practicaban las enseñanzas de Buda.

»Si integramos las instrucciones de Buda en nuestra vida diaria, podemos resolver nuestros problemas internos y disfrutar de verdadera serenidad. Sin paz interior, la paz externa es imposible.

»Si establecemos primero la paz en nuestro interior por medio del adiestramiento en el camino espiritual, la paz externa se impondrá de forma natural; pero si no lo hacemos así, nunca habrá paz en el mundo por muchas campañas que se organicen en su favor».

Para una exposición extensa de las enseñanzas de Buda, véanse Cómo comprender la menteNuevo corazón de la sabiduría y El camino gozoso de buena fortuna.